DESPACIO
Las nubes de la
tormenta se alejaban poderosas tierra adentro, y el sol volvía de nuevo a su
labor por los resquicios de sus masas oscuras.
Un rayo de sol
iluminó súbitamente el ribazo del sendero por el que caminaba el peregrino,
aspirando el aroma de la tierra húmeda, y destacó entre las hierbas la figura
de un pequeño caracol que lentamente se arrastraba entre ellas.
El peregrino se
detuvo y se dedicó a contemplarlo durante un largo rato, al cabo del cual dijo:
Bienaventurados los
lentos, porque no se pierden ni el más mínimo detalle de la vida.
Anónimo
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